Actriz madrileña castiza con esencia de tierra y espiga. Entre el ritmo del centro y las tardes tranquilas en el pueblo, siento que tengo lo mejor de ambos mundos, como Hannah Montana.

La interpretación abrazó mi vida desde bien pequeña. Mientras mis amigas pedían Barbies, yo pedía disfraces y micrófonos. Siempre había un espectáculo por crear, porque para mí nunca ha habido escenario pequeño si hay alguien a quien puedas llegar. Durante mucho tiempo no supe responder a la gran pregunta: “¿qué quieres ser de mayor?”.

Nunca quise elegir una sola cosa, porque todas las posibilidades me parecían infinitas. Y fue en la interpretación donde encontré la respuesta: podía ser todas esas versiones, todas esas vidas.

Decidí apostar por ello y, desde entonces, no he dejado de construir la actriz que sueño ser y de buscar nuevas formas de contar historias. Me mueve la necesidad de crear y emocionar, aunque sea solo a unos pocos. Ya he sentido lo que ocurre cuando conectas con alguien desde el escenario… y no soy capaz de dejar de intentarlo.